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P. R. Butler. Reflexión para el Segundo Domingo de Cuaresma - Urgente


(Segundo Domingo de Cuaresma: Génesis 12,1-4; 2 Timoteo 1,8-10; Mateo 17,1-9)
La forma imperativa de un verbo se usa para dar órdenes. Esto sucede en todas las lecturas de hoy. También marca el comienzo y el final del mensaje de La Salette
Los imperativos no otra cosa que órdenes, una persona diciéndole a otra lo que debe o no hacer. A veces, no obstante, realzan la importancia o la urgencia de aquello que se ordena hacer.
Dios tenía un plan para Abram. Era urgente que Abram dejase todo atrás para seguir dicho plan, sin saber hacia dónde lo conduciría.
San Pablo le recuerda a Timoteo acerca de la importancia de soportar las adversidades a causa del Evangelio. El sufrimiento que es un mal en sí mismo, encuentra sentido y valor cuando es llevado por la causa de Cristo.
La Transfiguración de Jesús establece el escenario para el mandato que viene del cielo “Escúchenlo”. ¿Que podría ser más dramático, más urgente? Y, qué podría ser más importante después de tal experiencia que el reconfortante mandato de: “No teman”?
Los primeros imperativos de la Bella Señora, “Acérquense hijos míos, no tengan miedo” son seguidos inmediatamente por las palabras, “Estoy aquí para contarles una gran noticia” y el mandato final de “Háganlo conocer” se da de dos maneras ligeramente diferentes.
Un Misionero de La Salette de Angola una vez explicó que, en su cultura, el curso normal para enviar un mensaje sería de hacer venir al mensajero a tu casa, tomar asiento contigo para una charla y una taza de té. Luego le comunicarías el mensaje y el mensajero partiría. Pero si el mensaje es especialmente urgente, tú te encontrarías con el mensajero en la puerta y le comunicarías el mensaje de inmediato. Así, el hecho de que la Virgen Santa haya permanecido de pie e iniciado inmediatamente la transmisión de su mensaje es otra señal de la importancia y urgencia de lo que ella vino a decirle a su pueblo.
La cuaresma tiene un carácter de urgencia que la distingue de todos los demás tiempos litúrgicos. Comienza con el mandato: “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás” o “Arrepiéntete, y cree en el Evangelio “
¿Y bien? ¿Qué estás esperando?
(Traducido por Hno. Moisés Rueda MS, Cochabamba, Bolivia)

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