P. René Butler MS - 7mo Domingo Ordinario - Transformados

Transformados

(7mo Domingo Ordinario: 1 Samuel 26:2-23; 1 Corintios 15:45-49; Lucas 6:27-38) 

El poder trasformador de la gracia de Dios se demuestra maravillosamente por medio de su perdón, y está descrito con elocuencia por el salmista: “Cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados” (Comparar también Miqueas 7:19, e Isaías 38:17.)

La biblia no oculta el comportamiento pecaminoso de David; aun así, dice que su corazón “perteneció íntegramente al Señor, su Dios” (1 Reyes 11:4). Se negó a matar a Saúl, su enemigo, porque Saúl era el ungido del Señor.

La reflexión de Pablo con respecto al hombre terrenal y al celestial es misteriosa, mística. Aun para él es difícil explicar el cambio que seguramente tendrá lugar en la resurrección.

Las exigencias de Jesús a sus discípulos nos son tan familiares que no nos damos cuenta de lo contradictorias que pudieron haber sonado para sus oyentes. Requieren de un serio cambio de corazón. “Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes” – más fácil decir que hacer.

María en La Salette también hace un llamado al cambio. La conversión es bastante difícil para nosotros, pero la sumisión es desagradable, aunque fuera acompañada por la promesa de abundancia.

Una señal de que tal transformación es posible puede encontrarse, tal vez, en Maximino y Melania mismos, aunque no en un sentido moral. Al ser interrogados, ellos mostraron una perseverancia y una inteligencia que ninguna persona razonable podría esperar de ellos. Cuando hablaban de la Aparición, Melania se volvía más comunicativa, Maximino más sereno.

Los niños entienden que las lágrimas tienen una conexión con la vida, con situaciones que piden consuelo: dolor, duelo, miedo, etc. Cuando visitan el Santuario de La Salette por primera vez, se sienten tristes por la Bella Señora, y preguntan a sus padres, “¿Por qué llora ella?”

Es María misma la que responde la pregunta. Su pueblo se olvidó de su hijo. Esto no debe seguir así. Se ve obligada a suplicarle constantemente por nosotros. Nunca podremos recompensarle por el trabajo que ella ha emprendido en favor nuestro; pero esto no quiere decir que no podamos intentarlo.

La gracia transformadora de Dios es poderosa en La Salette, no solamente en la Montaña Santa, sino en todos aquellos que se apropian de las palabras de María, sus lágrimas y su amor profundo.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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