P. René Butler MS - 3er Domingo de Cuaresma - Tengo Sed

Tengo Sed

(3er Domingo de Cuaresma: Éxodo 17:3-7; Romanos 5:1-8; Juan 4:5-42)

Los Leccionarios en francés y español incluyen información que no es evidente en la traducción inglesa de la primera lectura, ej.; Meribah viene del verbo que significa “querellar” y Massah “Poner a prueba”. Ambos se refieren al episodio cuando los hebreos se atrevieron a presentar juicio contra el Señor.

En Miqueas 6:1-2, el profeta insta a su pueblo: “¡Levántate, convoca a juicio a las montañas y que las colinas escuchen tu voz! ¡Escuchen, montañas, el pleito del Señor!... Porque el Señor tiene un pleito con su pueblo”. Aquí es donde la palabra Meribah aparece como “pleito”. 

El mensaje de Nuestra Señora de La Salette entra en este contexto. Ella reprende a su pueblo por sus pecados, especialmente por el de la indiferencia. El Salmo de hoy, que también hace referencia a Meribá y Masá, tiene como refrán, “Cuando escuchen la voz del Señor, no endurezcan el corazón”.

En el Evangelio, Jesús le pide de beber a la mujer. Ella asume una actitud contenciosa. “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” Jesús no se ofende, sino que abre el dialogo con ella con las palabras, “Si conocieras el don de Dios”.

Mucho más adelante en el Evangelio de Juan, Jesús declarará desde lo alto del Gólgota. “Tengo sed” Aquí en el capítulo 4, su sed es provocada por la fatiga del viaje. Pero se nos da un indicio de aquella sed que marcó toda su vida y su ministerio, aquel ardiente deseo expresado por él en Juan 12:32: “Cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Al satisfacer nuestra sed, Jesús satisface la suya.

En la cruz, sangre y agua brotaron de su costado atravesado. El famoso comentarista bíblico Matthew Henry explicó esto con las siguientes palabras: “Representaban esos dos grandes beneficios de los cuales participan todos los creyentes a través de Cristo: justificación y santificación; sangre para la remisión, agua para la regeneración; sangre para la expiación, agua para la purificación.”

La teología católica aplica esto también a los Sacramentos.

En La Salette, hay una Fuente milagrosa. Existió desde hacía largo tiempo, pero siempre se secaba en verano. Pero desde la Aparición ha corrido sin cesar, un recordatorio de las lágrimas de la Bella Señora, y de su sed más profunda – la nuestra también, si solamente lo supiéramos.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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