P. René Butler MS - 22do Domingo Ordinario - Instados por Dios

Instados por Dios

(22do Domingo Ordinario: Jeremías 20:7-9; Romanos 11:33-36; Mateo 16:13-20)

La mayoría de los sistemas legales le otorgan a un acusado el derecho a guardar silencio. Un profeta, por el contrario – como le pasó a Jeremías– no tiene tal derecho. La palabra de Dios en su interior le quemaba con tanta intensidad que no podía ser silenciada.

Nuestra Señora de La Salette hizo lo mismo. Se sintió obligada a hablar por nosotros, en constante oración ante su Hijo; y vino con urgencia a hablarle a su pueblo, con un mensaje más amplio y más complejo, hasta podríamos decir más intenso, que en otras apariciones marianas.

Ella coloca ante su pueblo solamente una opción: negarse a someterse, o convertirse. O, para usar la terminología de San Pablo, ella le está diciendo a su pueblo, “No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto”.

Discernir la voluntad de Dios no es un ejercicio académico. Pues esto solamente tiene un propósito: capacitarnos para vivir en armonía con Dios haciendo lo que él requiere de nosotros.

¿Tal vez tuviste una experiencia grande de conversión? En aquel momento supiste, al menos de manera general, a donde Dios te estaba conduciendo. ¿Sabías en qué te estabas metiendo? ¿Fuiste capaz de ver de antemano la cruz que llevarías, las distintas maneras por medio de las cuales podrías dar tu vida por amor a Jesús?

Si no fue de inmediato, llegaste a descubrir a su debido tiempo la manera específica en la que te tocaría cumplir la voluntad de Dios. Idealmente, llegó a volverse una pasión, y alcanzaste el punto de no retorno, aunque lo hubieras deseado. El Salmo de hoy expresa dicha intensidad: “Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua”.

Aun teniendo un Director Espiritual, el discernimiento es algo profundamente personal. Esto explica la diferencia entre cuatro Santas Teresa: de Calcuta, de Lisieux, de los Andes y de Ávila. Todos construimos de maneras distintas sobre los mismos cimientos.

Es maravilloso saber cuánta gente llegó a apasionarse por La Salette. Aun en esto, las posibilidades son tantas, en cuanto cada uno de nosotros responde a los diferentes aspectos de la Aparición y/o del mensaje.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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