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P. René Butler MS - 5to Domingo de Pascua - Pastor, Puerta, Vida

Cuida tus Pasos

(5to Domingo de Pascua: Hechos 6:1-7; 1 Pedro 2:4-9; Juan 14:1-12) 

San Pedro, en la segunda lectura de hoy, combina tres distintos textos del Antiguo Testamento: Isaías 28:16, Salmo 118:22, e Isaías 8:14.

Los dos primeros son usados por él para dar fuerza a su exhortación: “Al acercarse al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual”.

El tercero, sin embargo, se refiere a una “piedra de tropiezo”, y añade, “Ellos tropiezan porque no creen en la Palabra”.

Esta es una imagen apta para representar al pueblo del cual María se quejó en La Salette. Un pueblo que se tropezaba de muchas maneras. Con el trigo y las papas arruinados, las uvas podridas, las nueces carcomidas, la amenaza de hambruna – no es de extrañar que con todo esto el pueblo se sintiera ansioso y desmoralizado.  

María vio todo esto, pero también vio los frutos arruinados en el corazón de su pueblo – la indiferencia y la burla hacia la religión, el irrespeto blasfemo por el nombre de su Hijo. Cosas con las que su pueblo había caído de verdad hasta lo más bajo.

No todo tropiezo espiritual es pecado. En nuestra primera lectura, por ejemplo, nos enteramos de que la disensión por la distribución de la comida amenazaba la armonía de la comunidad de los primeros cristianos en Jerusalén. Una solución se encontró antes de que un daño permanente se haya causado. 

Lo mismo se aplica a nuestras dudas y cuestionamientos. Estos constituyen a menudo la expresión más honesta de nuestra incapacidad de comprender los caminos de Dios. Cuando nos sentimos tentados a ir tan lejos como para culpar a Dios por nuestros problemas, hacemos bien en recordar a San Pedro citando a Isaías 28:16, “Yo pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido”.

Debemos creer en la piedra angular y construir sobre ella una estructura de esperanza. Una cosa es tropezar y caerse. Otra cosa muy distinta, no levantarse. 

No nos olvidemos del Evangelio, en el cual Jesús dice, “Crean en Dios y crean también en mí”, y “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. A lo largo de este Camino no hay tropiezos ni caídas fatales, ante esta Verdad, ninguna duda es permanente, y en esta Vida, la muerte no tendrá supremacía.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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