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Un Mensaje Universal (20mo Domingo Ordinario: Isaías 56:1-7; Romanos 11:13-32; Mateo 15:21-28) Por razones que no son del todo claras, la misión de Jesús no incluía a los gentiles, aunque sí haya respondido a las suplicas de... Czytaj więcej
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Oiré (19no Domingo Ordinario: 1 Reyes 19:9-13; Romanos 8:1-5; Mateo 14:22-33) El relato de Elías en la cueva plantea casi como una sorpresa el hecho de que Dios se le haya presentado en el “rumor de una brisa suave”. Después de... Czytaj więcej
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Compartir la Riqueza (17mo Domingo Ordinario: 1 Reyes 3:5-12; Romanos 8:28-30; Mateo 13:44-52)   Cuando decimos que algo nos gusta, ya sea - una comida favorita, un deporte o alguna música – es una manera sencilla de decir que nos... Czytaj więcej
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Vengan, Escuchen, Vivan (18vo Domingo Ordinario: Isaías 55:1-3; Romanos 8:35-39; Mateo 14:13-21) “Coman gratuitamente y sin pagar”, dice Isaías al prometer abundancia de comida y bebida. ¿Qué otra cosa podría ser... Czytaj więcej
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¿Qué Ves?

(3er Domingo de Adviento: Isaías 35:1-10; Santiago 5:7-10; Mateo 11:2-11)

La noción de la vista domina las escrituras de hoy. Isaías: “Entonces se abrirán los ojos de los ciegos”; el Salmo: “El Señor abre los ojos de los ciegos”; Santiago: “Miren cómo el sembrador espera”; Mateo: “Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven...”; y: “¿Qué fueron a ver al desierto?”

El significado del verbo “ver” abarca desde la simple percepción visual, pasando por la observación atenta, hasta el entendimiento intelectual. ¿Acaso no es así como procede la ciencia?, conforme busca revelar los misterios del universo. 

Sin embargo, hay misterios que la ciencia no puede alcanzar. No está equipada para explorar el mundo del amor, la fe, el significado de la vida. Aquí nos hace falta otro tipo de revelación, la Palabra de Dios. 

Es por eso que encontramos numerosas citas y paráfrasis del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento. La respuesta de Jesús a los discípulos de Juan, por ejemplo, evoca varios textos de Isaías. Santiago se refiere más ampliamente a los profetas. Se nos recuerda muy a menudo que Jesús no vino a abolir la Ley o los Profetas, sino a dar cumplimiento. (Mateo 5:17)

Están también las que llamamos revelaciones privadas. La aparición de Nuestra Señora de La Salette, formalmente aprobada en 1851 por el Obispo de Grenoble, entra en esta categoría. Nadie está obligado a creerla; pero para los que lo hacemos, nos vierte luz en nuestra relación con el Señor, abre nuestros corazones para contemplar su amor, y nos ayuda a entender tanto el significado y las implicaciones concretas de la vida cristiana.

Estas reflexiones semanales pueden quizá servir como ejemplo. Por medio de ellas nos acercamos a las lecturas del domingo desde la perspectiva del mensaje y del evento y, sobre todo, de María misma. 

Cualquiera de nosotros puede hacer esto. Primero, te pones en su presencia, renovando el afecto por ella y recordando el afecto que ella te tiene. Recrear en tu mente todos los elementos de la aparición que tienen más significado para ti.

Luego, echando una mirada a las lecturas. Observar la resonancia entre esos elementos y La Salette. Al fin y al cabo, la pregunta es: Cuando miras por medio de los ojos de la Bella Señora, ¿qué ves?

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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El Cuadro Completo

(2do Domingo de Adviento: Isaías 11:1-10; Romanos 15:4-9; Mateo 3:1-12)

El lenguaje pacífico de las dos primeras lecturas y del Salmo muestran un claro contraste con las palabras de Juan Bautista en el Evangelio.

Pero nada de esto existe de manera aislada del resto de las Escrituras. Isaías y Pablo también se expresan con palabras duras en otros lugares; otros versos del Salmo de hoy contienen imágenes relativamente violentas; y el Evangelio, como bien lo sabemos, es más lleno de esperanza que el relato de la predicación de Juan podría llevarnos a esperar.

Naturalmente nosotros tendemos a centrarnos en aquellas escrituras que nos reconfortan. Esto no es algo malo.

Lo mismo es cierto en el caso de La Salette. Yo mismo a veces me asombro al encontrar personas devotas de la Bella Señora que únicamente pueden citar el comienzo del mensaje. “Acérquense, hijos míos, no tengan miedo”, y el final. “Se lo dirán a todo mi pueblo”. El someterse, el hambre, la muerte de los niños – sí, sabemos que están allí, pero no estamos inclinados a detenernos en ellos.

De manera ideal, sería suficiente el estímulo para mantenernos en la senda correcta. Pero, como cada padre de familia y cada profesor saben, guiar a alguien incluye la corrección de las faltas y la advertencia de los peligros. En esto consiste la honestidad de Juan Bautista, por eso fue encarcelado y condenado a muerte, porque predicaba verdades incómodas.

Nos damos cuenta de que de vez en cuando es bueno para nosotros ser puestos a prueba. Podemos hasta plantearnos metas difíciles con el propósito de mejorar nuestras capacidades o nuestra condición física, y monitoreamos nuestro progreso. Puede ser un asunto muy distinto cuando el desafío nos viene de otros.

Los Fariseos y los Saduceos tenían la ley como la norma de sus vidas, y hacían todo lo posible para permanecer fieles a ella. Pudieran haber venido a recibir el bautismo de Juan como una señal de arrepentimiento por cualquier falla en su observancia. Es fácil imaginar el shock y el desagrado al escuchar: “Raza de víboras, produzcan el fruto de una sincera conversión”.

Juan no los odiaba. Habló de esa manera para asegurarse de ser escuchado por ellos. 

El mensaje de Nuestra Señora es todo amor, pero, para llegar a todo su pueblo, ella necesitaba mostrar el cuadro completo, llamándonos tanto al arrepentimiento como a la esperanza.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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El Punto de Inflexión

(1erDomingo de Adviento: Isaías 2:1-5; Romanos 13:11-14; Mateo 23:37-44)

“Tomé el libro; lo abrí y leí en silencio el primer capítulo que se me vino a los ojos, y decía: ‘Basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. Por el contrario, revístanse del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne’”.

Agustín había oído que sonaba como la voz de un niño cantando, “Toma y lee”. No era un juego de chiquillos, y comprendió que las palabras se dirigían a él. Él tomó el libro que posaba sobre una mesa cercana, que contenía las cartas de Pablo. 

En este momento de su vida, Agustín estaba en el punto de inflexión de su conversión. Abriendo el libro al azar, leyó las palabras citadas arriba que están en la carta de Pablo a los Romanos – hoy la segunda lectura – y ¡su transformación fue completa!

Estas palabras son parte de una exhortación que comienza así: “Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la armadura de la luz”.

La llamada de Jesús a permanecer despiertos es al mismo tiempo un recordatorio para no morar en la oscuridad. El cristiano está para permanecer vigilante, siempre listo y deseoso de “caminar a la luz del Señor”.

El tiempo de Adviento comienza hoy. Nos prepara para celebrar la venida de Cristo, la luz del mundo.

Pero aun en los fieles corazones cristianos pueden subsistir las sombras, lugares de oscuridad que nos refrenan de entrar completamente en la luz. Nuestra Señora de La Salette se apareció en una luz deslumbrante. Melania y Maximino estaban aterrados, pero ella los llamó y los envolvió en su brillantez. Sus palabras también, una invitación a su pueblo para liberarse de las tinieblas que lo envolvía.

Como Agustín, tal vez sepamos lo que tenemos que hacer para seguir a Cristo de una manera perfecta, pero nos quedamos vacilando en el momento de inflexión. Puede ser de ayuda, en este caso, cerrar los ojos e imaginarnos estar de pie con los dos niños, tan cerca de la Bella Señora que, como Maximino dijo, “nadie hubiera podido pasar entre ella y nosotros”.

Como siempre, ella nos acercará más a su Hijo. En su compañía, seremos capaces de hacer nuestro el refrán del Salmo de hoy: Vamos con alegría a la Casa del Señor.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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Buenos Ladrones

(Cristo Rey: 2 Samuel 5:1-3; Colosenses 1:12-20; Lucas 23:35-43)

La crucifixión fue diseñada para infligir el castigo capital con un máximo de dolor y de humillación. Jesús, falsamente condenado como un criminal, fue brutalmente azotado, y luego exhibido desnudo e impotente para que todos pudieran verlo al pasar. Los insultos de sus enemigos completaban la escena. 

Dos verdaderos criminales, crucificados con él, estaban en la misma situación. Uno de ellos se unió a las burlas. Pero la compasión del otro por Jesús lo llevó a la fe, ante lo cual el Señor respondió. “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”

En 1957 un criminal condenado llamado Jacques Fesch, de 27 años, escribió: “Dentro de cinco horas veré a Jesús. ¡Qué bueno es el Señor!”. Él sabía la hora exacta, porque había sido sentenciado a morir en la guillotina por un asesinato cometido durante un robo en 1954.

La devoción a la Santísima Virgen fue una parte esencial de su regreso a la fe que había abandonado en su adolescencia. Fue su abogado, un cristiano comprometido, quien le ayudó a encontrar el camino de vuelta a Dios, tanto que, al momento de su muerte se había convertido en un “buen ladrón”. En 1993 fue oficialmente reconocido como Siervo de Dios. (Este es el primer paso en el proceso de canonización.)

Hay probablemente muchos otros criminales cuyas historias de conversión podrían inspirarnos a creer en el poder salvador de la gracia.

La más clara conexión entre las lecturas de hoy y La Salette está casi al final del texto de Colosenses, en que Pablo escribe sobre la reconciliación y la paz. Cuando María dijo a los niños, “Vengo a contarles una gran noticia” era esto lo que ella seguramente tenía en mente.

El crucifijo inusualmente grande que ella portaba, de seis o siete pulgadas de tamaño, no era un adorno, sino un recordatorio de su Hijo, quien murió y volvió a vivir para salvarnos.

Antes en Colosenses leemos: “Dios nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados”. ¿Qué mejor ejemplo de liberación, redención y perdón podemos encontrar que en las historias de los dos “buenos ladrones” que murieron fijando su mirada y sus esperanzas en Jesús?

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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