Carta - Páscoa 2024
Santa Páscoa 2024 “Nosso Redentor ressuscitou dos mortos: cantemos hinos ao Senhor nosso Deus, Aleluia”   (Da liturgia) Queridos irmãos, com a chegada da Santa Páscoa, gostaria de chegar idealmente a cada um de... Czytaj więcej
Carta - Páscoa 2024
Santa Páscoa 2024 “Nosso Redentor ressuscitou dos mortos: cantemos hinos ao Senhor nosso Deus, Aleluia”   (Da liturgia) Queridos irmãos, com a chegada da Santa Páscoa, gostaria de chegar idealmente a cada um de... Czytaj więcej
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Henryk Przezdziecki

Henryk Przezdziecki

Queridos amigos Leigos saletinos,
Há alguns anos o dia 10 de Setembro tem sido uma data muito importante para vocês, pois se celebra a jornada Mundial dos Leigos saletinos, solicitada oficialmente pela primeira reunião dos Leigos Saletinos, que teve lugar em La Salette (Setembro de 2011), aceite e ratificada por uma decisão do Capítulo Geral de 2012 .
A celebração pede a vós e a nós Missionários para não esquecermos os princípios que são a base deste movimento da Igreja, inspirado na mensagem de reconciliação da Bela Senhora de La Salette:
1) Dedicar-se concretamente para que haja cada vez mais a coerência entre a fé e a vida vivida, bem como o equilíbrio entre a oração e trabalho diário.
2) Viver e testemunhar com alegria a nossa pertença a Cristo e à Sua Igreja
3) Conhecer, aprofundar e fazer sua a mensagem de Nossa Senhora de La Salette
4) Tornar-se mulheres e homens construtores de pontes e trabalhando para um mundo reconciliado a todos os níveis (famíliar, laboral, profissional ....)
5) Partilhar alegrias, sofrimentos e desafios da missão evangelizadora dos Missionários de La Salette
6) Pedir ao Senhor para que suscite vocações sacerdotais e religiosas na sua Igreja e na nossa Congregação.
Setembro é um mês muito especial para todos nós, porque no dia 19 nos lembramos e celebramos o aniversário da aparição de Maria em La Salette. Para nós Missionários e para vocês Leigos saletinos tudo começou neste dia, aos pés da virgem em lágrimas ...
Onde quer que estejais no mundo, eu desejo que cada um de vocês se torne membro mais ativo e zeloso da nossa grande "família carismática saletina", seguindo o exemplo dos dois pastorinhos Maximino e Melânia que, uma vez impressionados pelas palavras e lágrimas da Bela Senhora, nunca hesitaram em testemunho públicamente a profunda experiência humana e espiritual que tinham vivido na montanha de la Salette aos 19 de setembro de 1846.
Desejo-vos boa Festa de Família, com a promessa de rezar especialmente por vós!

Atenciosamente,
vosso

Pe. Silvano Marisa, MS
Superior Geral

LaiciSalettini2017

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Sabiduría, Sumisión, Lágrimas
Vigésimo primer Domingo del Tiempo Ordinario: Isaías 22:19-23; Romanos 11:33-39; Mateo 16:13-10
Las lecturas son a cerca de la autoridad. Un cierto Sobná es reemplazado por Eliacín como jefe del palacio; Simón es establecido como piedra angular de la Iglesia, con el poder de soltar y de atar; y los juicios de Dios no requieren del consejo de nadie.

Desde otra perspectiva, sin embargo, las lecturas tratan menos de autoridad que de la libertad de elegir que tiene Dios. Por qué Dios eligió a Sobná o a Simón, no se explica, pero la Sabiduría y el conocimiento de Dios son profundos y valiosos, y Él sabe lo que está haciendo y porque lo hace. Esto puede ser difícil de captar, especialmente en momentos de tragedia pública o privada. El dicho “es la voluntad de Dios” no siempre puede ser percibido como una explicación satisfactoria. Aun Job y Jeremías parecían esperar que Dios les justifique su modo de tratarlos.

Por lo tanto, no debería sorprendernos, que los agricultores de los alrededores de La Salette se hayan burlado de Dios cuando sus cosechas se arruinaban. Su vida era dura en el mejor de los casos, y para ellos las normas a cerca del descanso y la alabanza dominicales no eran otra cosa que “cuento de viejas”, interesante solamente para unas “cuantas mujeres ancianas que van a Misa” – para usar las palabras de la Bella Señora.

María no siente la necesidad de defender a Dios. Muy por el contrario, nos invita a someternos. La sumisión que ella tiene en vista no es pura pasividad. Es un reconocimiento activo de quien es Dios y quienes somos nosotros, del omnipotente conocimiento de Dios y de su infinita sabiduría.
Este tema no es nuevo con La Salette. Los escritores espirituales por mucho tiempo han usado el lenguaje del “abandono” y del “entregarse” a la voluntad de Dios. Lo que resalta en La Salette es lo que pasa cuando el Pueblo de Dios no reconoce su voluntad, no la acepta ni se somete a ella.

Los desastres naturales, por ejemplo, son exactamente eso: naturales, aunque son a menudo llamados de “actos de Dios”. No toda catástrofe es un castigo. Aun así, el sufrimiento y la infelicidad que muchas veces nos rodean pueden hacer que nos preguntemos a cerca del mundo y de nuestro lugar en él.
María proporcionó una detallada lista de problemas apropiados para el lugar donde ella se apareció: las diversas cosechas estaban mal, y los niños pequeños estaban muriendo. Si ella se hubiera aparecido en nuestro país, ¿Qué desastres y tragedias pondrían llanto es sus ojos hoy?
Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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Casa de Oración
(Vigésimo Domingo del tiempo ordinario: Isaías 56:1-7; Romanos 11:13-32; Mateo 15:21-28
Jesús se conmovió por la profunda fe de la mujer cananea y le dijo con admiración: “Mujer, que grande es tu fe”
Ella demostró su fe de dos maneras: la primera, creyendo que Jesús podía curar a su hija, y luego al darse cuenta de que, como una extranjera, realmente no teniendo ningún derecho de pedir su ayuda, se estaba lanzando a su misericordia. Fue esta humildad la que cautivó a Jesús.
Esto es un cumplimiento de la profecía de Isaías: “Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos” El templo fue originalmente un lugar de oración solamente para los judíos. En Hechos 28:21, San Pablo es acusado erróneamente de traer a un gentil y hacerlo entrar en el templo – una ofensa muy seria. Pero Isaías ya vio de antemano el día cuando el templo estaría de hecho abierto para todos los pueblos. Ese Templo es la Iglesia. El Pueblo de Dios.
La gran mayoría de los cristianos son descendientes de los gentiles. En los Hechos de los Apóstoles leemos que los gentiles se alegraron de que el Evangelio estuviera siendo predicado a ellos. San pablo de nuevo hoy expresa su esperanza de que su propio pueblo judío un día aceptará el don de la fe que él les ofrece, que ellos estarán lo suficientemente celosos de los gentiles como para decir: “yo quiero lo que ellos tienen”
Todo se trata de la misericordia, don gratuito de Dios. Nadie más que Él puede decidir quién se lo merece. Él no está sujeto a ninguna regla. “Yo tendré misericordia de quien yo quiera”. Éxodo 33:11 citado en Romanos 9:15)
La Salette sigue el mismo proceder. No por nada hablamos de la “misericordiosa aparición de María”. En diferentes partes de su mensaje, ella de manera sorprendente parafrasea las palabras de Isaías a cerca de los extranjeros, “amando el Nombre del Señor y haciéndose sus servidores – todos los que observan el sábado sin profanación y mantienen mi alianza, a ellos yo los atraeré a mi santa montaña y habrá motivo de alegría en mi casa de oración.
María apareció en 1846 porque su “casa de oración” había dejado de ser el lugar donde su pueblo encontraba alegría. Muchos peregrinos de La Salette redescubren la misericordia de Dios que los conduce a la fe. Para otros, el redescubrimiento de la fe los lleva a reconocer la misericordia de Dios. Sea como fuera, todos se regocijan al encontrar su lugar en la Casa de Oración de Dios.
Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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Las angustias del corazón
(Décimo noveno Domingo del Tiempo Ordinario: 1 Reyes 19:9-13; Romanos 9:1-5; Mateo 14:22-33)
Antes y después del episodio relatado en la primera lectura – el viento, el terremoto, el fuego y la brisa suave – el Señor le pregunta a Elías, “¿Por qué estás aquí?” y las dos veces Elías responde: “Me consume el celo por el Señor, Dios Todopoderoso, porque los israelitas han abandonado tu alianza.”
San Pablo describe la angustia que está experimentando a causa de propio pueblo. Habiendo experimentado para sí mismo a Jesús como Mesías y Salvador, profundamente deseó compartir su fe con todos los judíos devotos. Es por eso que en sus viajes misioneros fue primeramente a las sinagogas locales para predicar las Buena Nueva, pero con poco éxito.
En La Salette María describe su angustia en estos términos: “Hace tanto tiempo que sufro por ustedes! … pero por mucho que recen, por mucho que hagan, jamás podrán recompensarme por el trabajo que he emprendido a favor de ustedes”
Jesús expresó su decepción por la poca fe de Pedro: Muchos católicos y cristianos hoy están afligidos, no tanto por la poca fe sino por la aparente falta total de fe de tantos. Es reconfortante sabe que San Pablo y la Bella Señora conocieron ese dolor. No estamos solos.
En el Salmo Responsorial encontramos ánimo.
Escucharé al Señor que proclama;
Al Señor que proclama la paz…
La justicia brotará desde la tierra,
Y la justicia mirará desde el cielo.
El mismo Señor nos dará sus bienes
Y nuestra tierra dará sus frutos.
Cuan cercano esto es a la imagen que Nuestra Señora usa a cerca de la cosecha abundante que vendrá, “si se convierten”. Su propósito más profundo es el de plantar las semillas de la paz y la reconciliación, de la verdad y fidelidad, de la justicia, justicia que incluye, pero va más allá de lo requerido en los mandamientos y en las leyes. Si echan raíces y producen fruto, los bienes del Señor vendrán a continuación.
La angustia del corazón no impidió a San Pablo ni a Nuestra Señora llegar cerca de su pueblo. No debemos dejar que nos detenga a nosotros tampoco. Si por alguna razón somos incapaces de llegar de manera directa, podemos hacerlo siempre en la oración.

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A nadie mas que a Jesús
(Fiesta de la Transfiguración: Daniel 7,9-14; 2 Pedro 1,16-19; Mateo 17,1-9
Sobre la entrada principal de la Basílica en la Santa Montaña de La Salette hay un vitral con la representación de la Transfiguración de Jesús. Al ir afuera, el lugar de la Aparición de Nuestra Señora está directamente frente a uno.
La comparación visual es obvia. En una “santa montaña” el rostro de Jesús brilló como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. La Santísima Virgen en La Salette se hizo ver primero en un globo de enceguecedora luz, y ella misma era toda de luz. En ambos casos parece que nos confrontamos con lo que San Pablo llama el glorioso cuerpo espiritual. (ver Corintios 15:43 – 44)

Jesús eligió a tres testigos. María eligió a dos. San Pedro enfatiza que él y sus compañeros eran testigos oculares de la “majestad de Jesús” Maximino y Melania fueron testigos oculares de una “Bella Señora”
Y hay palabras también. En el Evangelio esas palabras vienen de una nube: “Este es mi hijo amado en quien me complazco. Escúchenlo” Esto dejo a Pedro, Santiago y Juan “con mucho temor.” Luego Jesús les dijo que no teman. Ya que los niños estaban aterrorizados al ver el globo de luz, María les dijo primero que se acercaran sin miedo.
El punto en común más esencial entre las dos “altas montañas” sin embargo, es el Hijo Amado. Es el cumplimiento de la visión de Daniel de “Uno como un Hijo de Hombre, que recibió el dominio, la gloria y el reinado; todos los pueblos, naciones y lenguas le sirven”

María hace mención de su Hijo muchas veces, y dos veces le reprocha a su pueblo por el abuso de su nombre. En otras palabras, ellos no le sirven; no respetan su dominio, gloria ni reinado.
Fue después de la Transfiguración que Jesús comenzó su último viaje a Jerusalén. Conforme se aproximaba a la ciudad amada, lloró, diciendo. “Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz”. Y luego predijo las calamidades que caerían sobre ella, “porque no has sabido reconocer el tiempo se su visita” (Lucas 19;41-44)

Si aquellos que se llaman asimismo de cristianos no saben reconocer y recibir a Cristo, las consecuencias son devastadoras. Pero la conversión siempre es posible.
Y así, María nos dirige hacia su Hijo y, como la voz desde la nube, nos invita a escucharlo.

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La pregunta sobre la oración
(Decimo séptimo Domingo del Tiempo Ordinario: 1 Reyes 3:5-12; Romanos 8:28-30; Mateo 13:44-52)
Es bastante común entre la gente devota a Nuestra Señora de La Salette decir el Padre Nuestro y el Ave María porque eso es lo que María dijo a Melania y Maximino que había que hacer. Sin embrago sus palabras exactas fueron: “Ah hijos míos, deben decir bien sus oraciones, en la noche y en la mañana, aunque sea solo un Padre Nuestro y un Ave María cuando no puedan hacer algo mejor. Cuando puedan hacer algo mejor, recen mas”
Esa es una distinción importante. No es una manera de alentar para hacer lo mínimo, lo cual en circunstancias ordinarias no podría ser calificado como “rezar bien”

No se trata solamente de aun tema de tiempo. La oración de Salomón es un excelente ejemplo. Después conocer a ceca (en el versículo 6 que fue omitido) de la bondad de Dios para con su padre David y con el mismo, en seguida pregunta, no por lo que cualquiera en su posición podría querer, sino porque sabe que necesita gobernar bien a su pueblo – también pueblo de Dios. El rezó bien, y el Señor se respondió consecuentemente.
El discernimiento es esencial cuando nos acercamos a Dios para pedirle algo. No hay nada malo en querer a veces algo para nosotros mismos. Pero la oración nunca debe ser egoísta. San Pablo escribe: “Sabemos que todas las cosas son para el bien de los que aman a Dios” Así que podemos confiar de manera firme en él para que supla nuestras necesidades aun si rezamos por las necesidades de los demás. ¡Lo importante es rezar por lo que es... bueno… importante!

Piensen en el tesoro en el campo, o en la perla de gran precio. Parte del “vender todo lo que tenemos para comprarlo” es el deseo de poner todo lo que tenemos y somos en las manos de Dios, al servicio de Dios.
Considera la magnífica oración de San Ignacio:
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Tu me lo diste, a Ti, Señor te lo devuelvo. Todo es Tuyo: dispón de todo según Tu Voluntad. Dame tu Amor y tu Gracia, que me bastan. Amen.
Piensa en eso la próxima ves que te pongas a pensar en la pregunta de la Bella Señora: “¿Hacen bien sus oraciones hijos míos?”
Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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Posibilidades interesantes
(Décimo sexto domingo del tiempo ordinario: Sabiduría 12:13-19; Romanos 8:26-27; Mateo 13:24-43)
Las lecturas de hoy son un verdadero tesoro en sus conexiones con La Salette.
En el libro de la Sabiduría: Dios cuida de todos, no ha condenado injustamente; Él es el amo del poder. Pero juzga con clemencia; les ha dado a sus hijos la posibilidad del arrepentimiento.
María preguntó a los niños; “¿Hacen bien sus oraciones hijos míos?” Ellos no las hacían; pero nunca habían ido al catecismo y no habían aprendido a rezar apropiadamente. Pablo escribe a los Romanos “No sabemos cómo orar correctamente”. El Espíritu, por lo tanto, se encarga, por así decirlo, y es Dios el que ve lo que hay en nuestros corazones.

El Evangelio no solamente habla de semillas – una imagen recurrente en las parábolas que también encontramos en el mensaje de La Salette – sino de la paciencia de Dios para con nosotros. Ya llega, no obstante, un tiempo de cosecha; la espera llega entonces a su final. Nuestra Señora no habla solamente de cosechas arruinadas en el pasado y en el futuro, sino del brazo de su Hijo. Jesús también usa una imagen tremenda; las malas hierbas serán arrojadas al fuego. Pero esto es seguido por una imagen maravillosa: “Entonces los justos brillaran como el sol en el Reino de mi Padre”, en tanto la Bella Señora evoca la visión de montones de trigo y de las papas que aparecen sembradas por los campos.

La parábola de la semilla de mostaza y de la medida de levadura no contienen nada que cause temor. La semilla y la levadura hacen solamente lo que está en su naturaleza, crecer y expandirse. Tal como es el Reino de Dios.
Jesús vino para guiar a su pueblo hacia ese Reino, “un reino eterno y universal, un reino de verdad y vida, un reino de santidad y gracia, un reino de justicia, amor y paz” (Prefacio de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo).
La Santísima Virgen vino a La Salette para llevar a su pueblo de nuevo hacia ese reino. Un pueblo que no había seguido el cauce natural de la fe; esa semilla, en lugar de crecer, se había marchitado; esa levadura había perdido de algún modo su poder de permeabilizar sus vidas.
Pero no todo está perdido. “El Espíritu viene en ayuda en nuestra debilidad” el injusto puede ser restaurado en la justicia. Es casi como si las malas hierbas pudieran convertirse en trigo, imposible para la naturaleza, pero eminentemente posible por la gracia.

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El Dominio
(Trigésimo Domingo del Tiempo Ordinario: 2 Reyes 4:8-16; Romanos 6:3-11; Mateo 10: 37-42)
¿Has notado cuántas veces San Pablo hace referencia a la muerte en la segunda lectura? Yo pude contar unas 10 veces. También menciona el pecado, dos veces. Su tema central, no obstante, es hablar de la vida, de la cual hace referencia explícita muchas veces.
Todos estos elementos se juntan en la última oración: “Considérense a ustedes mismos como muertos al pecado y viviendo para Dios en Cristo Jesús”
El contexto es el Bautismo, en el cual nosotros morimos con Cristo para que podamos vivir con él. La muerte ya no tiene dominio sobre él ni sobre nosotros, tampoco el pecado.
Aquello supone que somos fieles a nuestros compromisos bautismales. De los cristianos bautizados siendo bebés se espera que en algún momento ratifiquen por su propia cuenta la profesión de fe que un día alguien más hizo en nombre de ellos.
Pero la experiencia nos enseña que esta fidelidad no debe darse por hecha, que esta ratificación de ningún modo está garantizada.
Ese fue el motivo que hizo que María viniera a La Salette. Ella pronunció algunas palabras desafiantes, pero no tanto como aquellas que encontramos en el Evangelio de hoy. Jesús pide de nosotros una lealtad absoluta y total. Tenemos que cargar con nuestra cruz. Ese es el precio del discipulado.
No debe sorprendernos el hecho de que muchas personas no están dispuestas a aceptar este pedido, tanto hoy como en el mundo grecorromano y asiático donde el Evangelio fue predicado, primeramente.
En la Salette, Nuestra Señora siente pesar por la situación en la que su pueblo ha caído, materialmente y espiritualmente; ella no soporta ver el dominio del pecado y de la muerte sobre la vida de ese su pueblo. Ella llora porque han perdido el respeto por su Hijo y por las cosas de Dios. El Bautismo ya no tiene ningún valor para ellos.
Pero también muestra determinación. Ella no se quedará tranquila dejándoles sufrir las consecuencias del pecado.
Sobre su pecho lleva un Cristo crucificado, para que nos acordáramos de aquel que murió por nuestros pecados y que hizo tanto para que de verdad nosotros podamos vivir. El costo del discipulado no puede compararse con el precio que Jesús pagó para salvarnos.
Cuál dominio habremos de elegir: ¿El de Cristo o el del pecado?

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Lluvia para estas Raíces
(Decimo quinto Domingo del Tiempo Ordinario: Isaías 55:10-11; Romanos 8:18-23; Mateo 13:1-23)
Una parábola es una comparación. Puede ser un dicho corto, o puede ser, como en el Evangelio de hoy, bastante extendida y detallada.
Jesús compara a aquellos que escuchan sus palabras con las semillas sembradas en una variedad de suelos. Isaías compara a la palabra de Dios con el agua. Las dos imágenes encajan perfectamente, y me recuerdan a 2 Corintios 3:6, donde San Pablo escribe: “yo planté, Apolo regó, pero fue Dios el que dio el crecimiento”
Nosotros podemos discernir también una especie de parábola partiendo de nuestro texto de San Pablo. El contrasta el sufrimiento con la gloria venidera. Nosotros podríamos ver el sufrimiento en la preparación del suelo para plantar, un proceso tedioso y doloroso, recordando lo que Dios le dijo a Adán: “Con el sudor de tu frente obtendrás tu pan para comer”
La Bella Señora de La Salette se estaba dirigiendo a un pueblo a quien no le era extraño el “sudor en la frente”. Llevaban una vida dura; en 1846, tenían muy poco para vivir. El hambre se reflejaba en sus rostros.
En su mayoría ellos entrarían a formar parte del tercer grupo identificado por Jesús, la semilla sembrada entre las espinas de la preocupación mundana. La lluvia era la causante de la hambruna – demasiada cuando menos se la necesitaba y muy poca cuando más hacía falta, resultando en la perdida de los cultivos básicos, trigo y papas al mismo tiempo.
Con llanto genuino María expreso por el sufrimiento de su pueblo, pero no dudó en hacer la conexión con la falta de fe de ese pueblo. ¿Pudiera el fracaso del suelo en producir sus frutos hacerles dar cuenta de su propio fracaso al producir frutos de vida cristiana?
Con todo, todas las lecturas de hoy son una fuente de esperanza. Jesús sabe que habrá un suelo fértil; Isaías sabe que la palabra de Dios cumplirá su propósito; Pablo sabe que a los fieles les espera la Gloria.
El P. Michael Cox, M.S. escribió un libro en 1956, con el titulo de Lluvia para estas Raíces, acerca del significado de la aparición de María en La Salette, Lourdes y Fátima. El sacó el titulo de las últimas palabras de un poema escrito por Gerard Manley Hopkins: “Señor de la vida, envía lluvia sobre mis raíces”
Nosotros podemos fácilmente hacer la comparación entre la lluvia y las lagrimas de Nuestra Señora. Esas lágrimas son una parábola sin palabras.

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Los pequeños
(Decimocuarto domingo del tiempo ordinario: Zacarías 9, 9-10; Romanos 8, 9-13; Mateo 11, 25-30)
Jesús agradece a su Padre por haber revelado “estas cosas” a “los sencillos” y no a “los sabios e inteligentes”. El no dice qué son esas cosas específicas que tiene en mente. El pensar es más general: el Padre ha mostrado su preferencia por los humildes y los pequeños. El Magníficat de María refleja la misma realidad.
No hay que extrañarse entonces de que, en la mayoría de las Apariciones, Nuestra Señora haya elegido a “los pequeños” como sus testigos. La Salette no es una excepción. Es difícil imaginar que pudiera haber personas más humildes que Maximino Giraud y Melania Calvat. Aun después de haber recibido una educación, ellos no se pusieron por encima de la mayoría de sus pares que recibieron una educación similar.
Se rumoreaba lo contrario. Una carta fechada en 19 de febrero de 1845 – cinco meses después de la Aparición – y enviada al párroco de Corps, incluía un relato de la Aparición que entro otros errores incluía la siguiente declaración acerca de los niños: “De miedosos que eran, se convertían de repente en osados; de simples campesinos que eran se hicieron intelectuales y elocuentes”
Es cierto que asombraban a la gente con las repuestas que daban a preguntas tramposas, y su resistencia a las presiones que se les ponían para que negaran lo que habían visto y oído. Pero lo hicieron con gran simplicidad. Seguían siendo “los pequeños”
Jesús se describe a sí mismo como “el manso” y encontramos el mismo adjetivo usado para el rey que estaba por venir, en la primera lectura. Jesús también nos dice que aprendamos de él. En otro lugar nos dice que seamos como niños pequeños.
Esta mansedumbre ciertamente se adapta a aquellos a quienes San Pablo describe como "en el Espíritu". Aquellos en quienes "el Espíritu de Dios habita" esos no pueden ser arrogantes, ni creerse superiores a los demás.
Se dice que a Maximino siendo adulto se le pidió relatar la historia de la Bella Señora una vez más. Él lo hizo, y concluyó con estas palabras: “Y luego ella desapareció, y me dejo aquí con mis defectos”
Que espléndido ejemplo de mansedumbre de la que Jesús habla: Reconociendo la gracia de Dios y nuestra indignidad. Todos podemos ser “los pequeños” en este sentido.
Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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