P. René Butler MS - 16to Domingo Ordinario -...
Volver a lo Básico (16to Domingo Ordinario: Sabiduría 12:13-19; Romanos 8:26-27; Mateo. 13:24-43) Las personas que recién están conociendo acerca de La Salette se sorprenden cuando leen las palabras de la Bella Señora:... Czytaj więcej
P. René Butler MS - 15to Domingo Ordinario -...
Abundancia (15to Domingo Ordinario: Isaías 55:10-11; Romanos 8:18-23; Mateo 13:1-23) El P. Paul Belhumeur M.S. es un apasionado de la naturaleza y de la creación. Él es también un ávido jardinero, y entiende la importancia de... Czytaj więcej
P. René Butler MS - 14to Domingo Ordinario -...
Alabanza Verdadera (14to Domingo Ordinario: Zacarías 9:9-10; Romanos 8:9-13; Mateo 11:25-30) Mateo, Marcos y Lucas reportan, todos ellos—dos veces cada uno—que Jesús hizo que la condición del discípulo sea la de cargar con... Czytaj więcej
P. René Butler MS - 13er Domingo Ordinario -...
Hijos de la Luz (13er Domingo Ordinario: 2 Reyes 4:8-16; Romanos 6:3-11; Mateo 10: 37-42)  Me pregunto si Jesús estaba pensando en Eliseo y en la mujer de Sunám cuando dijo: “El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la... Czytaj więcej
P. René Butler MS - 12do Domingo Ordinario -...
Enemigos, ya no. (12do Domingo Ordinario: Jeremías 20:10-13; Romanos 5:12-15; Mateo 10: 26-33)  ¿Tienes enemigos? Todos sabemos de personas a las que nos les agradamos, que pudieran tener algún resentimiento en contra nuestra. Pero los... Czytaj więcej
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Si / Entonces

(6to Domingo de Pascua: Hechos 8:5-17; 1 Pedro 3:15-18; Juan 14:15-21) 

“Si ustedes me aman”, dice Jesús, cumplirán” mis mandamientos”. El describe algunas de las cosas que sucederán como resultado: “Yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad”.

Lo mejor de todo, “El que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él”. Esto explica, creo yo, porque hubo tanta alegría en los pobladores de la ciudad de Samaria, cuando Felipe les proclamaba a Cristo, y confirmaba su predicación con signos.

Nuestra Señora de La Salette habla de lo que sucederá, “si se convierten”. Externamente, habrá abundancia en lugar de hambre.

¿Qué pasa con los efectos internos? Podemos tomar prestadas algunas ideas de nuestra segunda lectura y del Salmo.

Si se convierten: 

“Santificarán a Cristo el Señor” en sus corazones. Ya no abusarán de su nombre.

Aprenderán a rezar bien. Cantarán alabanzas a la gloria del nombre de Dios, gritando “¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni apartó de mí su misericordia!”

Estarán siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen. Pero lo harán con suavidad y respeto. Esto presupone que vivirán de tal manera que otros verán claramente su compromiso cristiano. (Esto es lo que el padre de Maximino hizo cuando, después de muchos años sin ir a la iglesia, comenzó a ir diariamente a Misa.)

Tendrán su conciencia tranquila. Es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios, que haciendo el mal.

En 1852, el Obispo de Bruillard decide erigir un Santuario, y al mismo tiempo traer a la existencia a los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette, resaltando: “Su creación y su existencia serán, así como el mismo Santuario, un recuerdo perpetuo de la misericordiosa aparición de María”

No se esperaría nada tan público de la mayor parte de las personas que acepten de María el llamado a la conversión, pero si vamos a perseverar, entonces sería cosa buena y una decisión sabia, asegurarnos de que nuestro primer encuentro con la Bella Señora no sea olvidado jamás.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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Cuida tus Pasos

(5to Domingo de Pascua: Hechos 6:1-7; 1 Pedro 2:4-9; Juan 14:1-12) 

San Pedro, en la segunda lectura de hoy, combina tres distintos textos del Antiguo Testamento: Isaías 28:16, Salmo 118:22, e Isaías 8:14.

Los dos primeros son usados por él para dar fuerza a su exhortación: “Al acercarse al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual”.

El tercero, sin embargo, se refiere a una “piedra de tropiezo”, y añade, “Ellos tropiezan porque no creen en la Palabra”.

Esta es una imagen apta para representar al pueblo del cual María se quejó en La Salette. Un pueblo que se tropezaba de muchas maneras. Con el trigo y las papas arruinados, las uvas podridas, las nueces carcomidas, la amenaza de hambruna – no es de extrañar que con todo esto el pueblo se sintiera ansioso y desmoralizado.  

María vio todo esto, pero también vio los frutos arruinados en el corazón de su pueblo – la indiferencia y la burla hacia la religión, el irrespeto blasfemo por el nombre de su Hijo. Cosas con las que su pueblo había caído de verdad hasta lo más bajo.

No todo tropiezo espiritual es pecado. En nuestra primera lectura, por ejemplo, nos enteramos de que la disensión por la distribución de la comida amenazaba la armonía de la comunidad de los primeros cristianos en Jerusalén. Una solución se encontró antes de que un daño permanente se haya causado. 

Lo mismo se aplica a nuestras dudas y cuestionamientos. Estos constituyen a menudo la expresión más honesta de nuestra incapacidad de comprender los caminos de Dios. Cuando nos sentimos tentados a ir tan lejos como para culpar a Dios por nuestros problemas, hacemos bien en recordar a San Pedro citando a Isaías 28:16, “Yo pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido”.

Debemos creer en la piedra angular y construir sobre ella una estructura de esperanza. Una cosa es tropezar y caerse. Otra cosa muy distinta, no levantarse. 

No nos olvidemos del Evangelio, en el cual Jesús dice, “Crean en Dios y crean también en mí”, y “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. A lo largo de este Camino no hay tropiezos ni caídas fatales, ante esta Verdad, ninguna duda es permanente, y en esta Vida, la muerte no tendrá supremacía.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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Pastor, Puerta, Vida

(4to Domingo de Pascua: Hechos 2:36-41; 1 Pedro 2:20-25; Juan 10:1-10) 

“La Fe no es un sustantivo sino un verbo”. Gramaticalmente esta afirmación es falsa, aun así, el significado es obvio.

Continuando el tema del camino de la semana pasada, podemos decir que la fe está dando sus primeros pasos. Con esto me refiero al preciso momento en el que nuestra fe se transforma en un encuentro personal genuino, cuando descubrimos que nuestra relación con el Señor es esencial en nuestra existencia.

En la primera lectura, Pedro concluye su discurso de Pentecostés: “Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías”. El Apóstol está haciendo que todo su pueblo conozca el mensaje.

En su carta, Pedro da mucho ánimo en tiempo de sufrimiento. “Cristo llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados”. La Bella Señora muestra la imagen de su Hijo crucificado, incluso cuando esté hablando de pecado y de conversión. 

Ella se dirige a aquellos que, en la primera lectura, son llamados “esta generación perversa” Debemos apartarnos de todo aquello que por dentro y por fuera nos degrada de algún modo.

Su llamado a la conversión expresa una esperanza, la que Pedro presenta como un hecho. “Cristo llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados”. Lo cual nos dirige a nuestro Evangelio, donde parece que Juan hubiera usado un buen editor. Distintas imágenes se entremezclan.

Primeramente, afirma que Jesús no es un ladrón ni un asaltante, sino el pastor que “llama a sus ovejas por su nombre y las hace salir”; luego que es “la puerta” y “Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes”, y de nuevo afirma que es la puerta, luego una vez más que no es un ladrón, y al finalizar declara: “Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia”.

Esta última oración es la que sujeta todo el resto. Cualquiera sea la imagen que prefiramos, la abundancia de la vida es lo que quiere transmitir. El discurso de María en La Salette en parte carece de una cierta lógica, pero el mensaje es claro: cuando regresamos con el Pastor, encontramos vida.

Y él nos guiará a aquel lugar del cual el salmista nos habla esta semana.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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El Camino Saletense

(3er Domingo de Pascua: Hechos 2:14,22-33; 1 Pedro 1:17-21; Lucas 24:13-35)

La noción de camino aparece al largo de las lecturas de hoy. La lectura de Hechos parafrasea el Salmo de hoy, incluso en las palabras: “Me harás conocer el camino de la vida”. El Evangelio muestra a Jesús y a dos discípulos en camino de Emaús. 

En este punto del camino quiero brindar mi reconocimiento al Sr. Wayne Vanasse, un Asociado Saletense, quien llego a ser un valioso colaborador en estas reflexiones. Estudiamos las lecturas de manera independiente el uno del otro, y luego comparamos notas en aquello que percibimos como “Conexiones Saletenses”.  En esta ocasión a ambos nos llamó fuertemente la atención la imagen del camino de la vida.

No hay duda de que la Bella Señora vino otra vez a mostrarle a su pueblo aquel camino de la vida. Parte de su mensaje es, si se quiere, un eco de las palabras de Pedro en la segunda lectura: “vivan en el temor mientras están de paso en este mundo”, esto es, mientras permanecemos temporalmente en un lugar durante nuestro camino a otro destino.

Una de las características de La Salette es que María se movió. Estaba primeramente sentada cuando se apareció, luego se levantó y dio unos cuantos pasos hasta el lugar donde los niños se encontraron de cerca con ella, y finalmente pasó entre ellos, atravesó un pequeño arroyo y ascendió por el típico zigzag de la montaña, hasta una planicie más alta en donde desapareció.

Lo que Jesús hizo con los discípulos en el camino de Emaús, así hizo María con Maximino y Melania, ella tomó la iniciativa, ella “se acercó y siguió caminando con ellos” Ellos no solamente siguieron sus movimientos, sino que ella los invitó a hacer conocer su mensaje a “todo mi pueblo”. Esto abrió un camino único para cada uno de ellos.

En nuestra propia vida, nos sucede con facilidad, cerramos nuestros ojos y nos negamos a reconocer a Jesús como nuestro compañero en el camino de la vida. Fue en un momento Eucarístico compartido por Jesús con los dos discípulos en el que “sus ojos se abrieron y lo reconocieron”.

Sin embargo, antes, él los había preparado, por medio de interpretarles las escrituras, haciendo que sintieran arder sus corazones.

Conforme recorremos por el camino de nuestra vida, ¿Qué es lo que hace arder nuestros corazones? ¿Cómo propagamos ese fuego?

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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